UN REY SIN TRONO
«Samuel tomó el cuerno de aceite y ungió al joven. Entonces el Espíritu de Dios vino con poder sobre David». 1 Samuel 16:13
Me encanta conocer los procesos de las cosas y saber cómo se desarrollan con el paso del tiempo. Uno de los elementos que más curiosidad me causan es la formación del diamante. Este es uno de los minerales más cotizados y admirados en el mundo, todos reconocen su valor y la hermosura que desprende. Sin embargo, el diamante proviene de componentes del carbono, un elemento que no tiene hermosura, no es tan cotizado y nadie lo tendría como joya o decorado en casa. Pero lo impresionante de todo esto, es que el carbono sometido a altas temperaturas y fuertes presiones durante un prolongado tiempo, da lugar al asombroso y espléndido diamante. ¿No te parece impresionante? De igual forma, la Biblia narra la historia de personas que fueron sometidas a fuertes procesos, pero que estos dieron lugar a la fortaleza, la victoria y el éxito de ellos.
La vida de David está llena de procesos. Quizá escuchamos su nombre y lo primero que recordamos es que fue rey de todo Israel. Consiguió llevar al país a su máximo esplendor y conquistó pueblos vecinos con grandes victorias. La Biblia además, marca su reinado como uno perpetuo y sobre el cual pasa la descendencia del mismo Jesús. Pero en realidad, David es el rey sin trono, es el general sin ejército, es el líder fugitivo. Si, o al menos lo fue durante mucho tiempo, y precisamente su fidelidad, perseverancia y humildad fue lo que le llevó a conquistarlo todo.
En contraposición Saúl, fue el rey aceptado, el general con un gran ejército y el líder que Dios había mudado el corazón. Sin embargo, su falta de carácter, el afán de resaltar e imponer su autoridad, la búsqueda de su propia voluntad y la falta de intimidad con Dios, lo convirtió en el rey rechazado por Dios. He conocido muchos Saúl en el tránsito del ministerio y de la vida. Personas que tienen grandes dotes de liderazgo y dones que sobresaltan, pero que tienen falta de carácter. El orgullo les ciega y la única motivación que terminan encontrando es hacer crecer su popularidad y reconocimiento personal. ¿Y cómo no crece este espíritu cuando en la iglesia del Siglo XXI existen plataformas de promoción y reconocimiento que ensalzan esta figura? Mientras den una buena imagen y hagan bien su trabajo, no importa su carácter cuánto haya sido procesado. ¡Hoy no nos interesan los procesos! ¡Queremos grandes resultados instantáneos! Pero recordemos, que las matemáticas de Dios son muy diferentes a las nuestras… reflexiona sobre tus motivaciones, mira tu carácter, aquello que más resalta cuando haces ministerio o persigues tus sueños. ¿Hay un corazón mudado pero no procesado? ¿Te incomoda y molesta el éxito de los demás? ¿Ayudas a que otros crezcan o pones techos con tu indiferencia? Saúl quiso matar por causa de sus celos, pero al final estos mismos acabaron consumiéndole. Por eso, me fascina la figura de David. Porque siendo el rey ungido, escogido por Dios y lleno del Espíritu Santo, durante años tuvo que vivir sirviendo al rey y rechazado, huyendo de su propio palacio, siendo fugitivo en tierras extranjeras. Vivió en una cueva, se hizo un ejército compuesto por marginados sociales. Para que no lo matasen, tuvo que hacerse el enloquecido y entrar en el campamento enemigo de los filisteos. Y aun con todo, perdonó la vida de Saúl teniendo la oportunidad perfecta para matarle. Sin embargo, fueron esos años donde el corazón de David fue sometido a altas temperaturas y grandes presiones que dieron a relucir el corazón del rey de Israel: un corazón conforme al de Dios. ¿Eso lo hizo perfecto? No, de hecho David cometió muchos errores, pero mantuvo el reino en victoria y dejó un legado de paz de 40 años.
Dios nos llama a propósitos eternos que han sido gestados en lo profundo de su corazón, y por eso el nuestro debe ser probado y transformado. Si has dado tu sí a Dios probablemente te encuentres en momentos que van a tensar tu integridad, probar tu fidelidad y sopesar tus motivaciones. No vendas tu propósito por el plato de lentejas de tu voluntad y búsqueda de gloria. Ama lo sencillo, lo secreto, lo íntimo y verás, que Dios está ahí, te enamorarás por completo hasta el punto de que no querrás salir de ese lugar. Será Dios quién saque a relucir el valor de tu corazón probado con el fin de inspirar a otros y cumplir con el llamado divino.
He sido y sigo siendo probado día a día para cumplir la comisión de Dios. Sé lo que es renunciar a tus sueños y estudios personales por ir a prepararme para el ministerio. Sé lo que es el ahogo económico y el vivir día a día por fe. Conozco de cerca el precio del cansancio emocional, espiritual y físico, y que muchas veces no hay tiempo para el ocio o cosas que me gustaría hacer. Sé lo que es perder la razón en una discusión para ganar a mi hermano en la fe, tragar orgullo, ser expuesto a críticas sólo por ayudar a otros. Pero «todo lo tengo por pérdida con tal de conocer a Cristo y a este crucificado». ¿Soy perfecto? No, de hecho no siempre consigo todo eso, pero recuerdo lo siguiente: «Dios se perfecciona en mi debilidad».
ORACIÓN
Señor, enséñanos a tomar la cruz del proceso y ser transformados por ti. Encuéntranos en el quebranto y háblanos, amén.
PREGUNTAS A REFLEXIONAR (Leer 1 Samuel 13:11-13; 14:35; 16:7-13)
- ¿Qué diferencias encuentras entre el carácter de David y Saúl? Enuméralas.
- ¿Qué son aquellas cosas en tu corazón que necesitan ser cambiadas urgentemente?
- ¿Antes de tomar decisiones buscas la voluntad de Dios o no cultivas una buena intimidad con él?
- ¿Por qué haces lo que haces? Reflexiona y sopesa tus motivaciones.

