AMOR SOBRENATURAL
“Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos.» Mateo 5:44
En la Biblia encontramos de forma muy común la figura del «enemigo». Esta es atribuida tanto a un enemigo espiritual (Efesios 6:12) como a un enemigo humano (Deuteronomio 28:7). El contexto bélico del Antiguo Testamento refleja de una forma muy específica la realidad de los enemigos humanos, que eran todos aquellos pueblos que Israel debía invadir o cuidar de no ser invadidos. De ahí que en los Salmos de forma muy frecuente se hallen oraciones y deseos de destrucción respecto a sus enemigos, que serían reyes y pueblos enteros ajenos a Israel. Pero en este texto, el panorama cambia por completo. Ya no está hablando la ley de la venganza, sino ahora es el megáfono de la gracia hecha carne, quien está dando pautas y directrices a los judíos y a la iglesia hoy. Jesús, en ese sermón del monte tan conocido, profundo e importante, el cual marca la ética y la identidad cristiana, no se olvida de hablar acerca de la realidad de los enemigos. Ahora bien, siendo muy honesto cuando leo la palabra «enemigo», me cuesta reconocer que en mi vida tenga a alguien reconocido como tal. No encuentro a alguien que pueda atribuirle la etiqueta de enemigo, ya sea porque siempre desea mi mal o yo deseo el suyo.
Sin embargo, sería oportuno entender y redefinir esta palabra, que la asociamos a la época medieval o a las películas de ciencia ficción. Pues «enemigo» puede ser todo aquel que en algún momento dado, haya abierto una herida en nuestro corazón de forma voluntaria o involuntaria y no hemos trabajado para sanarla. Una herida que no cicatriza y que no se cura, tiende a infectarse y ponerse de un peor aspecto. Por eso, las heridas de la ofensa sino sanan adecuadamente pueden infectar lo más profundo de nuestro corazón. En este texto, Jesús hace alusión a todos aquellos que han llegado a maldecir (desear el mal), aborrecer, insultar o perseguir a alguien. Pero podemos reflexionar y añadir; aquellas personas que en algún momento, nos han faltado el respeto, o nos han maltratado física, verbal o mentalmente o alguien que miró su bienestar sin importar el de nadie más. Alguien que quizás atentó contra tu integridad o te fue infiel. Quizá un padre ausente o un cónyuge que permitió una tercera persona en la relación. Sea como sea, ese alguien produjo una herida en lo profundo de tu alma y si no sana de forma adecuada, no sólo no dejará de doler, sino que la infección se esparcirá a más áreas de tu vida.
¿Cuál es la respuesta de Jesús a estas personas? Su respuesta es que debemos amarlas. La palabra empleada aquí para amar es agapae y denota un amor que se entrega en favor al prójimo pagando el más alto precio. Agapae es darse a la persona que ha hecho mal y obrarle en bien. Es abandonar las obras tenebrosas de la venganza, para acercarse en un perdón activo, donde no sólo se rechaza la ofensa, sino que se trabaja en favor del ofensor. Por eso, cuidado con la indiferencia y la pasividad hacia nuestros ofensores/enemigos, porque puede ser igualmente una forma indirecta de venganza. Jesús llama a tomar la cruz de un amor sobrenatural, el cual está por encima de nuestra comodidad y nuestra razón.
Este amor sobrenatural, debe desafiarnos en nuestro día a día. Es más, debe ser el sello de identidad que muestra quiénes somos en Cristo Jesús. El agapae a mi enemigo, hacia aquél que me ha ofendido, debe ser la predicación más frecuente de nuestros actos. ¿En qué conocerán los de nuestro alrededor que somos discípulos de Cristo e Hijos de Dios? La respuesta está en Juan 13:35 «en que os améis unos a otros». ¿Y a mi ofensor también? A tu ofensor también. De hecho, Jesús en el mismo capítulo de Mateo completa la enseñanza diciendo: «Si ustedes aman solamente a quiénes los aman, ¿qué recompensa recibirán? (…) Y, si saludan a sus hermanos solamente, ¿qué de más hacen ustedes? (…) Por tanto, sean perfectos, así como su Padre celestial es perfecto» (Mt. 5:46-48).
Este amor sobrenatural siempre lleva a la persona a caminar la milla extra. Básicamente es tomar la cruz del verdadero amor y seguir las pisadas de Cristo, quién dejó mojar el pan en su mesa de aquél que horas después sabía que le iba a traicionar, quién desde la cruz clamó perdón al cielo por aquellos que le estaban crucificando y se estaban mofando. Y ese mismo Jesús, nos invita a tomar la cruz para seguirle, amando aún a nuestros enemigos.
ORACIÓN
Sabemos que nuestra fe sin amor, y nuestro servicio sin agapae es solamente címbalo que retiñe. Nuestra espiritualidad y generosidad sin agapae es como metal que resuena. Ayúdanos Dios cada día a amar a nuestros enemigos con amor sufrido, benigno, sin envidia, jactancia ni envanecimiento. A amar sin hacer nada indebido, sin buscar lo mío propio, sin irritarme ni guardar rencor. Ese amor que se goza de la verdad pero nunca de la injusticia. Derrama tu amor sobre mi corazón, porque tu amor en mi todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta.
PREGUNTAS A REFLEXIONAR
(Leer Mateo 5:43-48)
- ¿De qué forma pro-activa puedo amar a mi enemigo/ofensor?
- ¿De qué manera soy desafiado en mi día a día poniendo en práctica las palabras de Jesús?
- ¿Amar a mis enemigos es un consejo o un mandato?
- ¿Qué más ejemplos de agapae encontramos en la Biblia?

