CAMINANDO SIN ESPERANZA
“Pero nosotros abrigábamos la esperanza de que era él quién redimiría a Israel». Lucas 24:21
¿Puedes suponer cómo es el camino de una persona que transita por la vida sin esperanza? La pérdida de esperanza supone una pérdida de fe. Es dejar de creer como posible lo que uno espera y desea. Por eso, el camino de una persona que transita por la vida sin esperanza, se hace apático, pierde la ilusión tanto por su futuro como por su presente. Es un camino con falta de pasión y proyección, que supone una angustia depresiva cada vez más desgastante, la cual puede desembocar en una pérdida del sentido de la vida en la persona misma. Caminar sin esperanza es devastador y agotador. Pero son muchas las personas que caminan sin esperanza por las calles de nuestras ciudades, es más, son muchos los cristianos que transitan por su propia vida con una esperanza desgastada por la desilusión y el dolor de la espera. Veo el camino sin esperanza en aquél creyente que ha caído en apatía e incredulidad porque ha pasado el tiempo y no ha visto promesas de Dios aún cumplirse en su vida. Veo el camino sin esperanza en miles de refugiados europeos y orientales que dejan sus hogares a causa de la guerra. Veo el camino sin esperanza, en un joven que lucha por sus sueños pero que sólo escucha hablar de crisis y techos que convierten sus proyectos en imposibles. Veo el camino sin esperanza en un matrimonio desgastado que, tras intentar durante años tener un hijo, los esfuerzos y las ilusiones poco a poco van quedando en una toalla tendida en el suelo por no ver resultados. También veo el camino sin esperanza en dos discípulos de Jesús que hablan cabizbajo, desilusionados y tristes, sobre lo ocurrido con él, mientras se dirigen a Emaús.
El camino a Emaús nos enseña el tránsito del creyente en medio del camino de la desesperanza. Tres años con Jesús había implicado una amistad muy estrecha con su Maestro, pero sobre todo, había provocado que la esperanza de los judíos volviese. Tras 400 años de silencio profético de parte de Dios, apareció un hombre llamado Juan el Bautista que había sido enviado para «preparar camino a aquél que había de venir», del cual estaba profetizado en las Escrituras que salvaría y redimiría a Israel. Los discípulos lo habían conocido: comiendo, riendo y divirtiéndose juntos. Habían vivido aventuras sin fin, predicando el evangelio por todo lugar y sanando y liberando a las personas. Imagínate, ¡Sus discípulos estaban emocionados, pues por fin había llegado el Mesías! La esperanza había vuelto a inundar de pasión e ilusión a los discípulos, Jesús era el Mesías y él instauraría el reino de Dios en la tierra trayendo paz, orden y libertad. Pero ¿qué sucede cuando matan a tu libertador y terminan con tu salvador? ¿Qué sucede cuando esa persona sobre la cual habían puesto toda su esperanza ya no está? La esperanza se termina, hasta el punto en que sus discípulos se olvidan de todo, y regresan a sus trabajos. ¿Cómo? ¿Pero no habían sido sacados de las redes? Pero es que cuando se pierde la esperanza, se pierde también la fe y la proyección, por eso, volvieron al pasado; a limpiar las redes. Además, Lucas especifica que, a causa del dolor, «estaban velados». No veían ni entendían con claridad lo que había sucedido. Pero lo más impresionante de todo, es que Jesús aparece en escena caminando al lado de ellos, y a causa de ese velo no pueden reconocerle. La desesperanza ciega toda pretensión de fe en volver a creer y cierra las puertas a las nuevas oportunidades que se presentan, pero lo que es peor, le cierra la puerta a Jesús, quién es capaz de hacerlo todo nuevo. Así como Jesús se apareció en medio del camino de sus dos discípulos, él se aparece en cada camino sin esperanza hacia Emaús de cada persona. Esta escena es conmovedora. Si somos capaces de sacar el velo de nuestros ojos cuando nos encontramos en la apatía de la desesperanza, podremos fijarnos, que hay dos huellas más pegadas a nuestro camino. Jesús está caminando justo a nuestro lado, en medio de las circunstancias.La verdad que no se puede negar y tampoco olvidar, es que Cristo ha resucitado. Esta verdad se levanta como un grito de victoria y como una bandera de esperanza, que nos predica día tras día que nuestros pecados son perdonados, nuestro llanto es secado por el consolador, nuestra debilidad es convertida en fuerza, y nuestro destino ha sido cambiado a la gloria eterna. La resurrección de Cristo supone para toda persona desesperanzada, un giro total para que vuelva a revitalizar su fe y confianza en que no todo está perdido. Hay un futuro glorioso que espera a todo aquél que cree y confía en Jesús, pero además hay un presente de abundancia en paz y dirección impulsado por la fuerza del Espíritu. Si estás en un camino sin esperanza, abre los ojos y mira al resucitado. Él ha vencido por ti, él ha pagado por ti, él hará sobreabundar todas las cosas que esperas por amor a su nombre (Efesios 3:20).
ORACIÓN
Abre mis ojos Dios para ver al resucitado. Deseo ver sus marcas y sentir su abrazo. Me dispongo en fe para entregarme a mi salvador, quién me ofrece un nuevo comienzo y una nueva razón de vivir. Gracias resucitado por tu presencia en mi camino.
PREGUNTAS A REFLEXIONAR
(Leer Lucas 24:13-34)
- ¿Por qué estaban velados los ojos de los discípulos y no reconocieron a Jesús?
- ¿Cuál es el mayor peligro de perder la esperanza?
- ¿Estás caminando sin esperanza hacia tu Emaús?
- ¿Qué te enseña este pasaje acerca de volver a arder en esperanza?
- ¿Qué implica para ti la verdad que Cristo ha resucitado?
- ¿Cuánto tiempo a la semana pasas meditando acerca de la Eternidad?

