EL PROFETA DESORIENTADO
“Jonás se fue, pero en dirección a Tarsis, para huir del Señor». Jonás 1:2
Nadie entendería la actitud de un maestro de secundaria que, de forma injustificada y sin dar motivo alguno, decida no ir durante un mes a enseñar al instituto. Tampoco se explica que un médico rehúse a seguir investigando y aprendiendo acerca de las nuevas variantes y enfermedades que aparecen cada año, así como su avance científico y tratamiento médico. O, ¿qué diríamos de un abogado que se aísla de la actualidad política, económica y social y solamente es conocedor de las leyes que desde su carrera universitaria estudió? De la misma manera, sorprende que un profeta huya de Dios. Los profetas son aquellos que han sido escogidos por Dios y reciben de su parte un mensaje claro que debe ser transmitido a sus destinatarios de forma pura y sin adulterar. Pero, ¿cómo escuchará el profeta las palabras de Dios si huye de su presencia? ¿Se desorientó Jonás por accidente y en vez de ir a Nínive fue en dirección a Tarsis? O más bien, ¿deberíamos preguntarnos si Jonás realmente, estaba dispuesto a pagar el precio del llamado?
La realidad es que, Jonás no podía entender lo que Dios le estaba demandando. Nunca antes un profeta había salido de Israel para profetizar a otro pueblo que ignoraba la revelación de Yahveh, y mucho menos ¡a pregonar arrepentimiento para que Dios les salvase! Israel era objeto de opresión por los pueblos de alrededor, por ello, lo único que entendían era que sus pueblos vecinos debían ser destruidos. Por si fuera poco, la fama de los ninivitas les precedía: eran un pueblo sanguinario, que torturaba a sus víctimas de forma despiadada. Además su inmoralidad y multitud de dioses hacía que un judío monoteísta no encontrase nada en común con ellos. Precisamente por eso, en el momento en el cual Dios le encarece ir a Nínive para predicar su palabra, Jonás compra su billete para huir a Tarsis. Nínive era un precio demasiado grande para Jonás, era una demanda incomprensible.
Alguno podría criticar la actitud de Jonás y creer que lo haría mejor que él, pero seamos honestos ¿Cuántas veces no hemos huido de la presencia de Dios porque no hemos estado dispuestos a pagar el precio del llamado? Exacto, huimos de su presencia cuando Dios nos llama a Nínive a perdonar a quién nos ha hecho daño, a caminar en fe sobre la incertidumbre, a seguir siendo íntegros en medio de un mundo lleno de inmoralidad, pero en vez de ello compramos nuestro billete a la comodidad de Tarsis. Huir de la presencia de Dios es cerrar nuestros oídos espirituales a la voz de Dios y saltar del camino de su voluntad, para correr hacia la comodidad.
La solución de Jonás a la problemática y desafío del llamado es huir a Tarsis. Este, es el lugar de la comodidad, donde no se le exige nada al profeta. En Tarsis podrá estar a salvo de las demandas divinas pero quedará exento de su voz. Podrá vivir los privilegios que se le antojen pero carecerá de propósito divino. Sí, en Tarsis, Jonás podrá vivir despreocupado por pagar el precio de su llamado, pero al coste de vivir huyendo de la misma presencia de Dios. Esto me hace recordar mi vida años atrás. Durante mi adolescencia, Dios comenzó a sellar sus palabras en mi corazón por medio del fuego de su Espíritu, avivó una fuerte pasión sobre el ministerio y la iglesia local, me dio visión y objetivos muy claros aún a pesar de mi temprana edad. Sin embargo, todo ello tenía un precio, un precio que debía pagar. Sabía que debía renunciar a muchas amistades que no eran convenientes para mi salud espiritual. Además, debía evidenciar sin apariencias quién realmente era y ser honesto a la pregunta «¿qué te gustaría ser de mayor?» Pues la respuesta solo la conocía yo, porque ¿cómo le iba a explicar a un chico de 16 años que Dios me estaba llamando al ministerio pastoral? No fue fácil… el precio de la intimidad, de la consagración, de la lectura de la palabra, etc. Hasta que, en un momento de colapso personal como Jonás, decidí «huir de la presencia de Dios» y oré con el corazón encorvado y los ojos llorosos: – «Señor, por favor, sal de mi vida. No puedo más». Fueron las palabras más dolorosas y difíciles de mi vida. Porque con ellas, estaba renunciado a mi propósito de vida, a mi llamado, a mi Dios, incluso a lo que más amaba; mi familia e iglesia. Huí de su presencia para no escuchar más su voz, sin embargo fue en ese tiempo cuando más intensamente escuché a Dios. Preparó tempestades y peces gigantes en forma de canciones y personas hasta llevarme de vuelta a sus brazos. Así como la vida de Jonás que, desde que huyó de la presencia de Dios no hizo más que bajar a lo más profundo: primero «bajó a Jope», luego «bajó al fondo de la nave», luego «bajó al fondo del mar», y finalmente «bajó al interior del gran pez». Mi vida de la misma forma, no hizo más que bajar en picado desde que huí de la voz de la presencia de Dios. Pero es en lo más profundo del dolor y de la miseria, cuando no queda nada, que se levanta un grito lleno de desesperación y completamente humillado ante Dios, que clama: «Señor, heme aquí, tú eres mi Salvador, haz conmigo lo que tú quieras”. Y entonces, no puedes hacer nada más que rendirte a los pies de Jesús y ser rescatado por él.
Puede que te encuentres en tu propia travesía encabezada con el lema «huyendo de Dios», tratando de encontrar conformidad en tu vida. Sin embargo, aunque Tarsis sea el lugar de la comodidad, es también el lugar donde no operan los milagros. Lo único con quién te encontrarás en Tarsis será contigo mismo pero, con esa parte más egoísta e individualista que cierra las ventanas de los milagros y salta del camino del propósito de Dios. Por eso, hoy Dios te llama, así como me llamó a mí hace años, y como lo hizo con Jonás a salir de la comodidad, de lo más profundo del yo, para poner nombre y rumbo a nuestra vida: Nínive. El lugar difícil, donde se paga un alto precio, un lugar reservado sólo para valientes en la fe, aquéllos que estiman su vida y el mundo por basura con tal de conocer a Cristo. Para aquellos que renuncian a sí mismos, a sus pasiones, ambiciones y a su propia vida. Pero Nínive no es sólo eso pues es el lugar donde operan los milagros. ¡En Nínive está el avivamiento! Y es en esa leve y momentánea tribulación donde Dios se revela con un eterno y más sublime peso de gloria. No fue en Tarsis donde hubo avivamiento, fue en la difícil ciudad de Nínive, donde vinieron todos al arrepentimiento por medio de la predicación, y se produjo el mayor milagro y avivamiento de la historia. Dios nos llama en este día a tomar nuestra cruz y con ella el desafío del precio del llamado, recordando que es en Nínive donde está el milagro.
ORACIÓN
Padre, perdónanos cuando nuestros corazones son desorientados hacia tu propósito y decidimos huir de tu presencia. Rescátanos aunque sea del pozo más hondo. Ven Señor Jesús. PREGUNTAS A REFLEXIONAR (Leer Jonás 1-3)
- ¿De qué formas huimos de Dios en algunas temporadas o áreas de nuestra vida?
- ¿Por qué?
- ¿Qué nombre tiene Nínive (el llamado de Dios) en tu vida?
- ¿Qué fue aquello que hizo a Jonás rectificar?
- ¿Cómo termina la historia de Jonás?
- ¿Qué dice a tu vida que el final de Jonás se quede abierto?

