EL SERMÓN SIN OYENTES
«El pueblo de Israel no va a escucharte porque no quiere obedecerme». Ezequiel 2:5
En 1741 un predicador de un pequeño pueblo de Nueva Inglaterra (EEUU) llamado Jonathan Edwards predicaba en la capilla aquél día. Todos llegaban de forma progresiva y se sentaban en los grandes bancos esperando en silencio y respeto hasta que el servicio comenzara. Los testimonios recogen que Edwards solía ser muy tedioso a la hora de predicar, además, era extenso y en ocasiones hasta aburrido. Pero algo distinto sucedió aquel día. Jonathan Edwards subió al púlpito, abrió sus apuntes junto con la Biblia y, comenzó a predicar el sermón titulado «pecadores en manos de un Dios airado». Un título no muy atractivo pero que produjo tal impacto que el Espíritu Santo comenzó a traer convicción de pecado de forma evidente en cada persona. Testigos relatan que las personas se agarraban a las columnas de la iglesia y otros desesperados comenzaban a llorar y a clamar piedad, porque veían cómo el suelo se abría de par en par y caían al infierno, algunos olían incluso el azufre. Dios trajo revelación, convicción de pecado y un gran avivamiento. Jonathan Edwards es reconocido a día de hoy como el precursor del Primer Gran Despertar en los Estados Unidos. Ahora bien, ¿qué pasa cuando Dios nos llama a predicar sin recibir respuesta? ¿Qué sucede cuando Dios nos envía hacer algo y no hay fruto? ¿Qué decir de las oraciones que se quedan en el techo? Ahí se prueba el llamado, ahí se carga la cruz del cristiano. revelándose a él con majestuosidad y poderío (Ezequiel 1). Entonces, le da un mensaje y una tarea: predica a Israel, «tal vez te escuchen, tal vez no, pues son un pueblo rebelde; pero al menos sabrán que entre ellos hay un profeta» (Ezequiel 2:5). Dios llama a Ezequiel a predicar sobre un puñado de huesos secos, que no tienen vida por causa de su indiferencia. ¡Un pueblo de oídos sordos y de corazón endurecido! Ezequiel se esforzará en su mensaje, dirá lo que Dios quiere hablar, pero a diferencia de la predicación de Jonathan Edwards, Ezequiel sabrá que su mensaje nadie lo escuchará y solamente será un testimonio para que no haya excusa en Israel de que Dios no habló. ¿No te parece cruda la escena e incluso desalentadora? Si algo pedimos los humanos cuando hablamos es atención ¿por qué? Porque hay una necesidad de ser atendido por el otro ya que dignifica y reconoce que todos merecemos por lo menos ser escuchados. Y aunque Ezequiel tendría una tarea difícil y de la que muchos huirían, terminaría profetizando sobre los huesos secos que vendrían a vida.
En ocasiones, vamos a cargar la cruz de la indiferencia. Donde nuestro mensaje no será escuchado por nadie, o, donde sufriremos el rechazo a causa de Dios e incluso la burla y el menosprecio. Pero ¿sabes? Algo mucho mejor que las multitudes y la popularidad es vivir de forma plena el llamado de Dios sobre nuestras vidas. Debo decir que, no me mueve en absoluto los ministerios y las personas que consiguen mover masas de personas. Que tienen miles de seguidores y likes en redes sociales, o que hacen un evento y aglutinan a miles de personas. Precisamente porque eso también lo hacen en el mundo y mucho mejor. Pero ¿sabes lo que me mueve en realidad? Iglesias que viven en el anonimato siendo lideradas por pastores fieles y perseverantes.
Siempre recordaré una iglesia que se encuentra en el sur de España. Fuimos una temporada a servir con el grupo de seminaristas de la escuela teológica, y para llegar al lugar debíamos recorrer muchos kilómetros de carretera hasta entrar en un pueblo pequeño que se encontraba en medio de decenas de hectáreas de campo y viñedos. Cada domingo me conmovía y salía desafiado al ver la fidelidad y el esfuerzo del pastor, llevando la alabanza, pasando la ofrenda y predicando a las cinco mismas personas durante 20 años. Un sermón sin oyentes, una predicación sin respuesta, un ministerio sin masas ¿estarías dispuesto a ello? Es una pregunta que me hago frecuentemente. Creo de forma contundente, que Dios quiere traer un avivamiento sobre la tierra que tambalee los cimientos de la comodidad y olas de pecadores arrepentidos vengan a los pies de Jesús. Que traiga un torbellino de señales y prodigios que sacuda las calles de nuestras ciudades. Un despertar tan grande como nunca antes se escribió o soñó. Y sucederá, sí, pero cuando la iglesia doblegue su voluntad al precio del llamado de Dios. La predicación tendrá respuesta pero cuando se ame más su presencia, las iglesias serán llenas pero cuando se vuelva de forma inmediata a la búsqueda de la santidad y el temor de Dios. Seamos fieles y constantes, dando lo mejor de nosotros aún en lo poco, para que seamos excelentes y humildes en lo mucho.
ORACIÓN:
Padre, ayúdanos a amar lo que tú amas, a desear tus sueños y a vivir por tu llamado. Ya sea en el valle seco o en la cima de la abundancia, nuestro deseo es predicar tu voluntad y vivirla hasta el final.
PREGUNTAS A REFLEXIONAR (Leer Ezequiel 2 y 3)
- ¿Cuál es la cruz que Ezequiel debe cargar?
- ¿Estarías dispuesta a llevarla también?
- ¿Qué importancia tiene la predicación en tu vida?
- ¿Crees que la predicación es un factor esencial para la manifestación del avivamiento?

