MUJER AL PODER
“Me presentaré al rey, por más que vaya en contra de la ley. ¡Y si perezco, que perezca!» Esther 4:16
La Biblia está llena de historias de fe de mujeres que enfrentaron con valentía y determinación desafíos de todo tipo. Estas nos inspiran como el caso de Ana, la mujer que rogó a Dios un hijo en medio de su esterilidad y el maltrato de Penina hacia ella. Dios oyó su clamor y le concedió un hijo que fue profeta y juez de Israel. O María la madre de Jesús, quién aceptó en obediencia ser portadora del Hijo de Dios y criarlo como suyo propio, sabiendo cuál era su destino y a quién pertenecía. Podríamos hablar también de la adoración de la mujer que regó los pies de Jesús con sus lágrimas o de la fe de aquella mujer que padecía de flujo de sangre y tocó el manto de Jesús. Mujeres que marcaron una huella en su tiempo, así como lo hizo Ester. Ester (Hadasa) era una muchacha judía y huérfana que se había criado con su primo Mardoqueo en medio del exilio. Recordemos que la situación de los judíos en el exilio no era la mejor. Habían sido conquistados por los Babilonios y tras la caída de dicho imperio tomaron posesión los Medo-Persas. Las libertades de los judíos estaban sujetas al gobernador que decidía si podían adorar a su Dios o también a los de los persas. El templo estaba destruido y el gobierno de Israel había desaparecido. Se encontraban en medio de una tierra hostil siendo esclavos de los preceptos del gran imperio. Sin embargo en medio de todo ello, Dios levantaría personas que favorecerían a todo el pueblo judío y demostrarían el poder de Dios. Ester es una de esas personas. El rey persa, enfadado por la actitud de su mujer Vasti decidió tomar para sí una nueva mujer. En medio de un proceso de selección fue Ester quién salió elegida. Sin embargo, no podemos vender este acontecimiento a la suerte. Había todo un proceso divino detrás de esta elección, así como lo hubo con Daniel en Babilonia y Nehemías con Ciro. Dios iba a actuar con poder y autoridad en favor de su pueblo por medio de una mujer huérfana en el imperio más grande y temible de la época. Amán, asesor principal del rey, estableció un decreto que exterminaría a todos los judíos del imperio. Por lo que, ¿Quién podría revocar dicha ley? ¿Quién estaría cualificado para ir al rey y pregonar piedad? Todos pensamos en Ester, sin embargo, ni aún ella estaba cualificada para ello. Había urgencia porque se acercaba el genocidio judío, sin embargo, la ley persa anunciaba que nadie, ni siquiera la mujer del rey, podía acercarse a él en petición a no ser que él llamase primero a su presencia y se lo concediese. Ester lo sabía y tras convocar un ayuno de tres días para todos los judíos marchó delante del rey en determinación sabiendo que podía morir pero no sin antes intentarlo. Ester estaba desafiando la ley de un imperio, la autoridad de un rey y la condición de la mujer en aquél tiempo. Pero había una urgencia, una misión demasiado importante como para obviarla. Y sí, aunque le costase la misma vida, ella pregonaría misericordia por su propio pueblo. Estaba dispuesta a mediar aunque tuviese todo en contra suyo y perdiese no solo su posición sino también su vida.
La valentía de Ester me recuerda a la determinación de Desmond Doss, quién fue el primer objetor de conciencia en recibir la Medalla de Honor de los Estados Unidos en el sector médico. Su valentía y convicción le condujo en medio de los campos de batalla ensangrentados de la Segunda Guerra Mundial. Su misión en el campo de batalla, fue salvar de forma progresiva la vida de sus compañeros malheridos. La película Hasta el Último Hombre dirigida por Mel Gibson escenifica de forma brillante la actuación de este hombre cristiano, que vivió en misión para salvar a los suyos. Cuando el cristiano toma la cruz que Cristo le invita tomar, debe desprenderse de sí mismo para entregarse en favor del prójimo. Hoy en medio de una sociedad que busca su propio beneficio, debe levantarse una iglesia con el espíritu de Ester, que declare «iré…jy si he de morir, que muera!», que escuche la necesidad e injusticia de su alrededor y pueda ser una voz profética y una mano tendida. El cristiano crucificado vive en misión constante para demostrar el poder de Dios y la valía de la iglesia. Una iglesia que rompe las cuatro paredes de su jaula para abrazar al herido, al sediento, al huérfano y al fracasado.
Puede que por mucho tiempo te hayas limitado a tu propia condición, o a las mentiras que hayas podido creer sobre ti. Pero recuerda en este día que es Dios quién pone gracia, poder y autoridad para hacer milagros que traspasen las barreras sociales e incluso políticas de nuestro país. ¿Quién iba a imaginar que una pobre huérfana se convertiría en reina del imperio más poderoso de aquél tiempo y, quién salvaría a su pueblo de un decreto contrario? Nunca subestimes el poder de Dios en ti y mucho menos, lo extraordinario que él puede hacer con personas insignificantes.
ORACIÓN
Señor Jesús, danos valentía y determinación para manifestar tu poder en este día. Recuérdanos cuán valioso somos para ti y danos la capacidad de extender tu reino en todas las áreas sociales.
PREGUNTAS A REFLEXIONAR (Leer Ester 4:1-17)
- ¿Qué oportunidades tienes a tu alrededor para hacer bien a tu prójimo?
- ¿Consideras importante y necesario estar en la sociedad y afectar cada área con el poder y amor de Dios?
- ¿Qué es lo que más te desafía del carácter y proceder de Ester?
- ¿Cómo puedes aplicarlo en tu vida espiritual?

