TOMA TU CRUZ Y SÍGUEME – DÍA 18

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LA COMUNIDAD DE LA CRUZ

“De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros». Juan 13:35

El sentido de pertenencia conduce al ser humano a vivir en comunidad. Esta palabra proviene del latín communitas, y hace referencia a un conjunto de individuos que comparten elementos en común. Una comunidad ofrece a los individuos identidad, cultura, objetivos, valores y un mismo lenguaje, entre otras cosas. Es fácil reconocer por ejemplo, una comunidad gamer, donde individuos pasan tiempo jugando de forma online a video juegos. Nadie se confunde al reconocer una comunidad Hare Krishna, pues se identifican fácilmente con sus túnicas anaranjadas. O una comunidad manga que, por su estilo de vestimenta y libros de lectura se les reconoce de forma inequívoca.

De igual modo, Jesús, al margen de ser un líder solitario, formó una comunidad de discípulos la cual tendría su propia marca distintiva. Sin embargo, esta marca no sería un slogan ni una bandera. Tampoco un tipo de vestimenta en concreto, sino más bien, el distintivo de su comunidad sería la cruz. Pero no como símbolo, sino como modus vivendi. La comunidad de la cruz de Jesús sería reconocida única y exclusivamente por el amor. ¿Cómo identificarían las personas a la comunidad de Jesús? Por el amor entre ellos. ¿Cómo serían capaces de diferenciarlos de cualquier otra comunidad? Por el amor en ellos. ¿De qué manera podría alguien pertenecer a la comunidad de la cruz de Jesús? Por y en amor. Jesús, después de haber limpiado los pies a sus discípulos anunciando su muerte de cruz a cada uno de ellos, aun conociendo la traición de Judas y la negación de Pedro. Les da un nuevo mandamiento: «amaos los unos a los otros. Así como yo os he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros. De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros» (Juan 13:34-35).

La única forma en la cual la sociedad reconocería a la comunidad de la cruz, sería por medio del amor. Ese amor sería el testimonio y la evidencia para los de su alrededor. Pero fíjate que Jesús añade «como yo os he amado» y entonces, la implicación y la relevancia aumenta de forma significativa. Porque Jesús no ama como lo hace el mundo, sino que él ama perdonando al ofensor, abrazando al enemigo, visitando a los desvalidos, sanando a los enfermos, preocupándose por los huérfanos y las viudas, dignificando a la mujer en una sociedad machista, defendiendo al indefenso y haciendo justicia a los oprimidos. Así deberá amar su comunidad. Es un desafío tan grande para la comunidad de la cruz que no podrían llevarlo a cabo de forma solitaria. Por eso, Jesús les dice más adelante: «Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre, y él les dará otro Consolador para que los acompañe siempre» (Juan. 14:15-16).

La palabra otro en el griego original implica «de la misma naturaleza». Jesús estaba haciendo referencia a que otro, pero de la misma condición, estaría con y en ellos siempre, este es el Espíritu Santo. ¿Cómo podrá amar la comunidad de la cruz? ¿Será por sus propios méritos, esfuerzos y bondad? Más bien, será por la fuerza, el poder y la gracia del Espíritu que derramaría su perfecto amor en los corazones de ellos. De esta forma, vemos en el libro de los Hechos a la comunidad de la cruz actuando por medio del poder y la gracia del Espíritu. Una comunidad que conviven en oración continua (1:14), que reparten sus bienes entre ellos para suplir las carencias de los necesitados (2:44), que se apiadan y sanan a los enfermos (3:6). Si la iglesia primitiva vivió un avivamiento donde «Dios añadía cada día a los que habían de ser salvos» (2:47), fue precisamente, por la marca distintiva de la comunidad de la cruz: su amor entre unos con otros. Cuando la iglesia se convierte en la comunidad de la cruz amando sin reservas ni condiciones a su prójimo, entonces, sobran los discursos y los sermones, porque el testimonio del amor predica mucho más fuerte y mejor. Si Gandhi pudo decir que, «le gustaba Cristo, pero no los cristianos» entonces, realmente la iglesia no está siendo la comunidad de la cruz. El amor que Cristo nos enseña como mandamiento excede toda diferencia, error, daño e imperfección. Si la iglesia hoy decide tomar el reto de ser la comunidad de la cruz entonces, podrá ser luz en medio de las tinieblas. Su testimonio será más eficaz que cualquier sermón y su poder más temible que toda fuerza humana. Porque el amor rompe barreras y diferencias. ¿Queremos ver avivamiento? ¿Pecadores arrepentidos? ¿Frutos de arrepentimiento? Amemos, amemos y amemos. Amemos sin medida, derrochemos amor para perdonar más, abrazar más, aceptar más, disfrutar más, convivir más. El mundo está sediento de amor puro y desinteresado y creo, que la comunidad de la cruz, la iglesia, es respuesta a ello.

ORACIÓN

Que mi amor en este día rompa las barreras que me alejan de mi hermano y mi prójimo. Que el discurso más fuerte en mí sean mis actos de amor. Ayúdame a amar Dios como tú me amas.

PREGUNTAS A REFLEXIONAR (Leer Juan 13:34-35)

  1. ¿Cómo iglesia, en qué áreas crees que podríais mejorar para ser una comunidad que evidencie ese amor?
  2. ¿En qué aspectos en tu vida eres retado a cambiar tras haber leído este capítulo?
  3. ¿Del uno al diez cómo crees que amas según Jesús te manda que lo hagas?
  4. ¿Qué decisiones debes tomar para comenzar a hacerlo a nivel 10?