TOMA TU CRUZ Y SÍGUEME – DÍA 19

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EL PODER DE LA UNIDAD

“Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo». 1ª Corintios 12:12

Era una mañana común en la gran ciudad de Madrid. Las calles amanecían con los destellos del alba y el tránsito matutino de personas que acudían a sus trabajos. Los trenes ponían rumbo al destino de cada trabajador y estudiante cuando de repente, algo insólito sucedió. Diez bombas estallaron en cuatro trenes de forma simultánea. Este acontecimiento dio lugar a una devastación sin precedentes con cientos de víctimas convirtiéndolo así, en el «mayor atentado terrorista de la historia de Europa» (11-M 2004). El país entero quedó conmocionado y la ciudad devastada por el dolor y el llanto. Sin embargo, en medio del caos algo impresionante sucedió en el pueblo español. Vecinos y personas que se hallaban cerca de las explosiones salieron en masa para ofrecer ayuda; taxistas de la zona comenzaron a llevar de forma desinteresada a todos los heridos que veían hacia los hospitales más cercanos; abrieron polideportivos para atender a los heridos a causa del colapso hospitalario, y los afectados eran traídos con los brazos de los mismos ciudadanos. La ciudad entera de Madrid se volcó en unidad y compasión para ayudar a los más necesitados en ese momento tan difícil.

La unidad supera las barreras de la diferencia, no entiende de clases sociales ni distinción de color. La unidad abraza y trabaja codo con codo bajo una misma misión. Con todo, conseguir unidad es uno de los aspectos que más desafían al hombre. Porque para vivir en unidad, hace falta tomar la cruz de la renuncia y aceptar aquello que nos diferencia del prójimo. Sin toma de cruz, es imposible caminar en unidad y precisamente por ello, el apóstol Pablo de forma recurrente, apela a la unidad de la iglesia en sus cartas. Pablo conoce que, una casa dividida no puede prevalecer (Lucas 11:17) y así como existe una unidad perfecta intra-trinitaria entre, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, la iglesia debe caminar bajo la cruz de la unidad.

El apóstol, ejemplifica la unidad de la iglesia comparándola al cuerpo humano. Este se encuentra compuesto por diferentes miembros con distintas funciones y particularidades, pero que todos trabajan para el desarrollo pleno y correcto del cuerpo. Que se encuentre sano dependerá de cada miembro y su correcto desarrollo. Basta con que uno falle para que todo el cuerpo se vea perjudicado. Así es la unidad. En la unidad, todos lloran con el que sufre, todos se alegran con el que prospera y todos ayudan al que cae. Y, si deseamos ver una iglesia en saludable desarrollo entonces, necesitamos la unidad por encima de nuestras diferencias.

Dios te llama en este día a trabajar en unidad para extender el reino de Dios. ¿Sabes una cosa? La unidad no entiende de denominaciones y ni siquiera de errores pasados ¡Mucho menos de las barreras del prejuicio! Eres llamado hoy, a tomar la cruz de la unidad para vivir en comunidad con tu prójimo, y esa unidad, lleva de forma intrínseca los valores del amor, la paz, el respeto y la honra. Hay personas en tu comunidad que no son enemigos tuyos, sino más bien, son miembros puestos por Dios, diferentes a ti que, como tú, edifican el mismo cuerpo. Hay compañeros de trabajo a tu alrededor que, necesitan tu amor y respeto para crear el vínculo de la unidad y propiciar un mejor ambiente laboral. En ocasiones, deberás tomar la cruz de la unidad en tu colegio o universidad, muriendo a tu razón para no perder la unidad con los de tu alrededor. El vínculo de unidad que formes en tus comunidades, será un testimonio vivo de un agente de paz. Desconozco de forma directa la realidad de tu hogar, pero lo que sí sé, es que sea la condición o situación que vivas, Dios te ha colocado para establecer el vínculo de la unidad. resentimiento ni la competitividad. Por eso, como iglesia la necesitamos de forma urgente.

Existe un término muy interesante en el hebreo, el cual es ejad. Este denota una «unidad compuesta» y es usado para referirse a Dios en el Antiguo Testamento: «Oye Israel el Señor tu Dios uno (Ejad) es». Haciendo así referencia a que Dios es una unidad compuesta de tres personas, las cuales se relacionan de forma perfecta y en completa harmonía.

La harmonía de una canción es el baile musical donde la construcción, calidad y progresión de los acordes caminan en una misma unidad sin desentonar. De esta misma forma, danza la unidad trinitaria en perfecta relación, también lo hace nuestro cuerpo para su pleno desarrollo, y así danzó el pueblo español en ayuda al necesitado. La harmonía de la unidad nos encamina a danzar al ritmo del amor, la paz, el respeto y el amor. ¿Y tú? ¿Te unes a tomar la cruz y danzar al ritmo de la unidad?

ORACIÓN

Que tu Espíritu Dios, nos haga uno contigo y con el prójimo. Que las barreras de la diferencia sean disipadas para caminar en amor y paz unos con otros. Enséñanos oh Jesús, a que tu iglesia sea una así como tú lo eres con el Padre.

PREGUNTAS A REFLEXIONAR (Leer 1ª Corintios 12)

  1. ¿Qué diferencias debes superar para caminar en unidad con tu congregación?
  2. ¿Crees que una comunidad dividida puede prevalecer y ser efectiva?
  3. ¿Qué maneras prácticas encuentras para reforzar la unidad en tu comunidad?