LA CRUZ DEL SERVICIO
«Echó agua en un recipiente y comenzó a lavarles los pies a sus discípulos». Juan 13:5
Creo que no existe imagen más gráfica en los evangelios que refleje la humildad y el servicio de Jesús, el Hijo de Dios, como en este texto.
La realidad es que Jesús no era el tipo de líder que esperaba nadie. Los judíos durante años, habían puesto su esperanza en la idea de un Mesías libertador, el cual derrocaría a sus enemigos para poner en justicia, paz y libertad al pueblo de Israel. Pero seamos honestos, Jesús tampoco es el tipo de líder que ninguno de nosotros hubiese esperado o imaginado. Y precisamente, porque al igual que los judíos, seguimos asociando autoridad con posición de honor, asociamos fuerza con espada, gloria con reconocimiento, dignidad con dinero. Y Jesús, renunció a todo ello. Por eso, días antes de la fiesta de la Pascua, donde se despediría de todos sus discípulos, hace algo que descoloca la idea de honor, fuerza y dignidad en los discípulos.
Durante el tiempo de la cena, donde todos están hablando, riendo y disfrutando, Jesús se levanta y se quita su propio manto el cual le cubría el cuerpo. De tal forma que quedando semi desnudo, se ata una toalla a la cintura y mientras coge un recipiente lleno de agua se inclina hasta tocar los pies de su discípulo más cercano y comienza a lavarle los pies. La habitación en la que había risas y conversaciones queda en un completo silencio de incomprensión y cierta tensión donde las miradas están fijas sobre la persona inclinada. Sin saber qué hacer ni cómo reaccionar, Pedro toma la iniciativa al ver que también lavaría sus pies y detiene al instante a Jesús diciéndole: “Tú Señor, ¿me lavarás los pies?”
Esta reacción de Pedro es muy comprensible por varios motivos. El primero es porque la tarea de servicios estaba reservada a los discípulos y no a los maestros propiamente. Pero además, el hecho de lavar los pies, era un acto que correspondía propiamente a los esclavos sin derechos de aquella época. Por lo que Jesús está haciendo algo que no le corresponde como Maestro y mucho menos como Señor. Pero Jesús dice dos cosas que, no solamente son para Pedro y sus discípulos, sino también para ti y para mí. Jesús le responde diciendo: “Pedro, si yo no te lavo, no tendrás parte conmigo”, haciendo así hincapié a su obra redentora en la cruz, donde necesitamos ser lavados por Jesús. Pero añade diciendo: “Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros.” (Juan 13:13-14)
La cruz del servicio es estar dispuesto a salir del lugar de honor de la mesa, para inclinarse y junto a una toalla y un recipiente con agua, lavar los pies de nuestro prójimo. ¿Y quién es nuestro prójimo? ¿Es nuestro amigo o familiar más cercano? Nuestro prójimo también es Pedro al que negó, también es Judas el que traicionó, también es Tomás el que dudó.
La cruz del servicio va más allá de un perdón con palabras a nuestro enemigo, porque va acompañado de actos. Va más allá de un “te amo” a un ser querido, porque va acompañado de demostración. La cruz del servicio termina con el individualismo social para entregarse a favor del otro. Entiende aquel que toma la cruz del servicio que su honor, fuerza, valentía y dignidad, no está en esperar que le sirvan mientras está sentado en la mesa, sino que se levanta para servir mientras otros están sentados en ella.
Decide hoy, no ser más aquel que busca posiciones de honor en las alturas, y entrégate a los servicios más secretos e inclinados para servir y levantar a otros. Porque nuestra corona no viene de los hombres, sino de Dios, quién ve lo íntimo de las motivaciones de nuestro corazón. Siempre quedaré impactado de la historia de un grupo de personas, que esperan cada día en una pequeña casa humilde a peregrinos que vienen con sus pies cansados y dañados mientras hacen el llamado “Camino de Santiago” en España. Cuando llegan, estas personas los reciben y con cuidado, limpian los pies de estos peregrinos cansados, sin esperar nada a cambio.
ORACIÓN
Señor y Maestro, enséñanos hoy a limpiar los pies de los peregrinos que transitan su viaje en esta vida. Que tu buen espíritu nos aliente a servir donde existe la necesidad. Despréndenos de nosotros mismos, porque es el único camino para servir al prójimo. Y que en nuestro servicio, seas también servido y exaltado.
PREGUNTAS A REFLEXIONAR
(Leer Juan 13:1-15)
- – ¿De qué formas puedes lavar los pies de tu ciudad?
- – ¿Qué necesitas cambiar para dejar la mesa y servir en ella?
- – ¿Crees que hay más honor y grandeza cuando uno sirve o cuándo es servido?
- – ¿Cómo podríamos crear una cultura de “tomar la cruz del servicio” en nuestras comunidades eclesiásticas y familiares?

