TOMA TU CRUZ Y SÍGUEME – DÍA 21

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TOMA TU CRUZ Y SÍGUEME

“Dirigiéndose a todos, declaró: – Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz cada día y me siga». Lucas 9:23

«Sígueme» – El discurso más breve y sencillo de pronunciar, pero con más repercusión e implicación que cualquier otro. Así se dirigía Jesús a las personas, y era decisión del individuo si, seguir anclado al rumbo de su propia vida o, abrirse a la profundidad de su llamada al seguimiento y caminar pisando sus huellas. Quien aceptaba su «sígueme» debía renunciar a todo lo que tenía hasta el momento para caminar hacia un nuevo propósito de vida. Por el contrario, quien lo rechazaba, seguiría teniendo todas sus posesiones y al mismo tiempo, no teniendo nada. Las huellas del camino de Jesús encaminan hacia el propósito, la vida y la verdad. Por eso, quién le sigue sabe que cualquier pérdida personal no se compara a la ganancia de encontrar a Jesús en el camino y seguirle. Porque quién sigue a Jesús halla la vida.

Ahora se encontraba Jesús frente a sus discípulos, quiénes algunos de ellos habían dejado las redes atrás, otros el puesto de administración y por supuesto, habían renunciado a familiares y comodidades. Pero Jesús también se dirige a la multitud. Lo que va a decir es de carácter universal, y por eso se dirige a todos, incluso a nosotros hoy, a su iglesia del siglo XXI. Se dirige a aquellos que le han seguido porque hace grandes milagros y sacan provecho de ellos. A aquellos que le siguen porque se sienten cómodos y con una conciencia tranquila. Jesús mira y se dirige a todos los que estaban con él pero no eran de él, a aquellos que le iban a traicionar o abandonar posteriormente. Jesús clava su mirada sobre nosotros hoy para darnos un único mensaje: ¿quieres verdaderamente llamarte cristiano y ser reconocido como mi discípulo? Bien, sólo hay un camino. El camino de la cruz. Donde para seguirme necesitas primero negarte y tomar tu cruz cada día.

El mensaje de Jesús, alejado de toda pretensión populista, estaba cargado de crudeza. La cruz era un elemento de tortura y de maldición para los judíos. Si había algo que pudiese alterar la conciencia de las personas era precisamente hablar de la cruz. Porque en ese contexto no la colgaban en collares, sino que colgaban a personas en ella. ¿Puedes imaginarte el desafío y la crudeza de ese mensaje? Acto seguido Jesús les dice: «Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará» (Lucas 9:24). Quien sigue a Jesús debe estar seguro de que le costará su propia vida.

Vivimos en un contexto social donde la posmodernidad ha relativizado los valores absolutos. Donde el único anhelo del hombre es llegar al fin del placer hedonista y todo lo que implique dolor y sufrimiento es rechazado. Pero lo peligroso de todo esto, es que este mensaje puede estar calando tan fuerte en la iglesia que nos olvidemos de la cruz. ¿Cuántas veces no hemos rehusado al mensaje de la cruz? Rechazamos la cruz cuando deseamos que nuestro ofensor pague las consecuencias de nuestro daño. Rechazamos la cruz cuando quitamos la mirada de la necesidad y la ponemos en nuestro propio ombligo. Rechazamos la cruz y a tomarla cada día cuando rehusamos servir a nuestro prójimo y a quiénes tenemos alrededor. Menospreciamos el sublime llamamiento de Cristo cada vez que usamos el ministerio como una plataforma de promoción personal, cuando torcemos las escrituras y las usamos para nuestra conveniencia. Desechamos la cruz cada vez que usamos el perdón y la gracia de Dios como un tranquilizante a nuestra conciencia para seguir con nuestro propio estilo de vida. Por eso, nada de eso es seguir a Jesús. El cantautor español Pablo Alborán, canta en una de sus canciones una frase que es el reflejo de esta sociedad, y dice: «Espero no llevar la cruz de perdonar, a quien no me hace bien y juega a marear». La cruz del perdón implica negar a la razón de uno mismo, implica negarse al orgullo y aceptar el desafío de la cruz. ¿Es difícil? Mucho. ¿Hay sufrimiento? Sin lugar a dudas. Pero la recompensa de la cruz es la corona de la vida.

Quien camina por el sendero de la cruz, se dirige hacia las pisadas de su Salvador. El proceso del dolor lo capacita para guiarlo hacia su galardón incorruptible y eterno. Porque este es el mayor beneficio y la mayor bendición. Que aquél que sigue a Jesús bajo la sombra de la cruz se encamina hacia el sendero de la vida eterna. No por obras ni méritos propios, sino porque seguir a Jesús tomando la cruz es permanecer en él y en su voluntad. Y permanecer en él implica permanecer en su perdón, en su salvación, en su gracia y en su amor. Un amor que se derrama en nuestros corazones y nos enseña a dar ese mismo amor y a darnos en amor. Toma tu cruz y emprende la travesía más asombrosa jamás trazada. Toma tu cruz y conoce lo que es una vida llena de abundancia interior. Toma tu cruz y sé transformado por las manos de un Alfarero que día a día como un padre bueno, te enseñará a seguir a Jesús. El crucificado te invita hoy a desprenderte de ti mismo para entregarte a una vida sin cargas. Esto es la vida bajo la sombra de la cruz.

ORACIÓN

Queremos abrazar nuestra cruz y seguirte sin excusas. Que la sombra que nos proteja y refugie sea de la misma cruz que cargamos. Porque es la cruz la que nos acerca a ti y nos hace discípulos tuyos. Gracias por tu eterno amor derramado en nuestros corazones y tu preciosa presencia que nos acompaña por medio del sendero de la cruz.

PREGUNTAS A REFLEXIONAR (Leer Lucas 9:18-27)

  1. ¿Encuentras alguna relación entre la declaración de Pedro y la invitación de Jesús al seguimiento?
  2. ¿Crees que es posible seguir a Jesús sin antes reconocer quién es él?
  3. ¿De qué formas el Espíritu Santo te guía a nivel personal a tomar tu cruz hoy?
  4. ¿Qué son aquellas cosas que debes negar de ti mismo para seguir plenamente a Jesús?