LA CRUZ DE LA COMPASIÓN
Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas. Mateo 9:36
Recuerdo estar en una de las conferencias misioneras que la Facultad de Teología organizaba mientras estudiábamos. Y fue en un taller impartido por un misionero cuando escuché una historia que trajo un impacto significativo a mi vida. En ese momento aquel misionero comenzó a explicarnos cómo coincidió con una joven en un vuelo que tenía que realizar. La sorpresa fue cuando en una conversación casual, la joven explica sin titubear que tras acabar sus estudios decide irse a la India para trabajar con la misión «Teresa de Calcuta». – «¿y qué harás ahí?» Le preguntó el misionero intrigado. A lo que aquella joven respondió: «estaré durante un año trabajando con la organización limpiando a leprosos». Al escuchar esa historia algo en mi interior me incomodó. Fue una alteración directa a mi conciencia pero también un golpeo a mi corazón. Porque la verdad es que cada vez que he visto multitudes necesitadas he desviado mi mirada. Y sí, muchas veces se desvía la mirada incluso dando limosna. Pero el lenguaje de la compasión no es la indiferencia. Ella nos hace salir del estanque de la comodidad, para caminar con las manos remangadas hasta tocar la carencia. Cuando Jesús mira a la multitud, no lo hace para juzgarla ni castigarla. Sino que al ver la necesidad «tuvo compasión» de las personas. Y fue esa compasión la que le impulsó a obrar y orar «pídanle al Señor de la cosecha, que envíe obreros a su campo» (Mateo 9:38). Hay un campo lleno de multitudes heridas, desamparadas, sin esperanza, con pensamientos de suicidio, con familias desestructuradas, que están sedientas de compasión. actuar en favor de la necesidad. Si miramos hoy a nuestro alrededor podemos apreciar necesidades de muchos tipos, la cuestión está en si tenemos o no compasión para suplirlas. De esta manera, el siguiente capítulo del evangelio narra las instrucciones que Jesús le da a sus discípulos para entregarse a la necesidad de las multitudes y entre ello les dice: «sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, limpien de su enfermedad a los que tienen lepra, expulsen a los demonios. Lo que ustedes recibieron gratis, denlo gratuitamente» (Mateo. 10:8). Llevar la cruz que Cristo nos invita tomar para que le sigamos, implica que debemos ser movidos por la compasión. Y es esa compasión la que nos va a sacar de nuestra propia comodidad. Porque la cruda realidad es que nos hemos acomodado a los púlpitos, a los cargos administrativos, a las conferencias y a los eventos. Y puede que se nos haya olvidado que nuestra misión está donde se limpian a los leprosos.
Nuestra misión está donde la gente está muriendo de hambre y no existen recursos medicinales. Nuestra misión está con los refugiados que tras una guerra han tenido que dejar su país atrás. Es ahí, en la carencia, la necesidad, el dolor, el abandono, donde está nuestra misión. Pero ¿cuándo despertará la iglesia en su misión? Cuando tome la cruz de la compasión. Solo una iglesia comprometida con la necesidad de la sociedad e impulsada por la compasión, podrá evidenciar el impacto de su luz y la calidad de su sal. Seamos Jesús y caminemos con la cruz que él hoy nos llama e invita tomar: la cruz de la compasión.
ORACIÓN
Perdónanos Jesús, por tantas veces que desviamos la mirada de la necesidad. Hoy nos recuerdas que por haber saciado la sed de alguien también lo hemos hecho contigo. Que nuestra identidad compasiva esté tan arraigada en nuestro ADN que con naturalidad suplamos las diferentes necesidades de nuestro prójimo. Ven con tu reino Señor Jesús y hágase tu voluntad sobre esta tierra.
PREGUNTAS A REFLEXIONAR
(Leer Mateo 9:35-38; 10:5-8)
- ¿Qué podemos hacer para no desviar la mirada de la necesidad y actuar en compasión?
- ¿De qué formas prácticas podrías moverte en pro a la necesidad de tu comunidad social?
- ¿Es la compasión un rasgo distintivo del carácter de Dios?
- ¿Cómo actuaba Jesús constantemente con las multitudes y los individuos?
- ¿En qué más pasajes encuentras que Jesús actúa en compasión?

